A Tabasco, Nunca Más, Por Juan Ochoa Vidal.

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Juan Ochoa Vidal
A lo largo de seis años, Arturo Núñez Jiménez usó como villano a Andrés Granier Melo y esgrimió el derrumbe productivo de Tabasco, al tiempo que prometió la recuperación que nunca llegaría. “Nunca nos volverán a saquear”, juró. Triste final: el otrora apagafuegos del sistema y politólogo de fama, nos llevó al fondo del abismo y se marchó campante como Johnnie Walker.
Hoy, tanto el taimado personaje como muchos de sus colaboradores están muy confiados en que no los alcanzará la vara de la justicia, en momentos en que la administración estatal y la de los municipios, y desde luego los particulares, enfrentamos una brutal recesión y acumulamiento de rezagos y demanda social.
No deja de sorprender el hecho de que hasta el ex fiscal general Fernando Valenzuela recurrió a la perversidad de maquillar cifras de incidencia delictiva.
Quisiéramos creer que dará la cara este mismo lunes para explicar el porqué, acaso por instrucción de Núñez, no reportó al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública trece mil 219 delitos, según se advierte en oficio firmado por el actual fiscal, Jaime Lastra Bastar.
Recordemos que de la misma manera el ex secretario de Finanzas, Amet Ramos Traconis, mintió ante diputados, en diciembre de 2015, 2016, 2017 y 2018, al reportar estados financieros que no correspondían a la dramática realidad de la administración, pero sobre todo al omitir el desvío de recursos públicos, situación tipificada como delito.
En octubre de 2018, al conocerse un reporte de la Auditoría Superior de la Federación que puso al descubierto eso mismo en la Secretaría de Salud, el ex secretario del ramo, Rommel Cerna Leeder, confesó que 401 millones de pesos destinados para insumos y equipamiento de hospitales se usaron indebidamente para tapar el boquete que por alguna razón misteriosa la administración tenía en el rubro salarial.
Hace unos días, el director del ISSET, Fernando Mayans Canabal, presentó denuncias penales ante el saqueo y desviación de recursos que a su vez encontró en esa institución.
Igualmente, los alcaldes han documentado el robo descarado de recursos públicos, independientemente del cobro de vigésimos (el diezmo ya no existe) como condición para adjudicar contratos de obra pública, para colmo mal hecha, como se acreditó en Huimanguillo y en Macuspana.
En este último municipio, el alcalde Roberto Villapando Arias denunció a su antecesor, José Eduardo Rovirosa, por un daño patrimonial superior a 120 millones de pesos. La tónica general es que los ex ediles no pagaban cuotas del ISSET, evadieron traslado del Impuesto Sobre la Renta, se apropiaron de ingresos propios, dejaron obras inconclusas y se enriquecieron “inexplicablemente”, a través de la venta de protección a negocios ilícitos.
Hay quienes piensan que habrá impunidad para los saqueadores del nuñismo, comenzando por Don Fracaso. Sobre todo, ahora que han quedado prácticamente en libertad Granier, José Sáiz Pineda y otros ex funcionarios.
No hay que adelantarnos: el principal compromiso de los otrora candidatos y que hoy son gobierno o nos representan en cámaras legislativas, es el combate a la corrupción. Ello implica ser consecuentes.
Recordemos, sin embargo, lo que en enero declaró Adán Augusto López Hernández, en cuanto a que no se trata de hacer “cacería de brujas”, lo que significaría someter a proceso judicial mediante línea del gobernador a quienes están señalados como corruptos, sin que se les sustenten bien los cargos, para que luego resulte que quedan libres por falta de elementos probatorios.
Habrá que tener paciencia. El proceso de entrega-recepción aún no termina.
Twitter: @JOchoaVidal

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