A Tabasco, Las otras izquierdas, Por Juan Ochoa Vidal.

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Juan Ochoa Vidal

¿Ingenuidad? ¿Ignoran la historia de las izquierdas en México? Doce mil servidores públicos quedaron expuestos a las agresiones de grupos radicales, quienes de nuevo causaron destrozos. ¿En serio se cree que la izquierda es monolítica y que pudieren ser simples “conservadores fifís” quienes desde mucho antes de este sexenio han violentado la paz pública, en franco reto al gobierno en turno?

En la década de los ochentas conocimos en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, la misma en la que era catedrático el Subcomandante Marcos, cómo la izquierda era y es multifacética, y confrontada entre sí. Aprendimos que existen corrientes de opinión y acción absolutamente antagónicas.

Hay quienes asumen que la lucha de clases y las transformaciones se darán por la vía del caos y el derrocamiento del régimen de instituciones.

Se infiltran en manifestaciones a fin de dejar en claro que para ellos el actual es otro gobierno burgués que, desde su óptica, mediatiza los movimientos sociales e inquietudes sociales con propósitos, dicen, maniqueos.

Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la Ciudad de México, debiera saberlo, al igual que quienes están a cargo de la Secretaría de Gobernación: cada exhorto a respetar la ley y a que el derecho a la manifestación se ejerza pacíficamente, es tomado por los radicales como un abierto reto y oportunidad.

El Estado está obligado a hacer cuanto resulte necesario con el propósito de prever esas incidencias y reprimirlas mediante los protocolos establecidos para tal caso. Es lo que se hace en situaciones de esa naturaleza, lo mismo en Londres que Nueva York, Estocolmo, Moscú, París, etcétera.

Sin miedo a verse mal, las autoridades deben aplicar la ley, empleando para tal efecto, en un primer frente de avanzada, a fuerzas policiacas despojadas de armas de fuego pero con equipo antimotín. Atrás, en segunda línea, tiene que estar la fuerza de tarea debidamente armada, por si las cosas se complican y sus compañeros son recibidos a balazos o mediante artefactos explosivos.

En estas situaciones, el Estado no puede darse el lujo de mostrar debilidad alguna, so pena de que prospere la anarquía. Nunca creímos llegar a ver, como ha sucedido en días previos, que provocadores se lanzaran contra las puertas de Palacio Nacional y que le faltaran el respeto -lo que faltaba- a los militares, como aquellos a quienes se exhibió amarrados y casi llorando.

La mandamás de la capital del país incumplió su responsabilidad; puso en peligro de lesiones y muerte, y abusó de los servidores públicos con su camiseta de paz, encontrándose debidamente informada de que los anarquistas -eso son- no están interesados en platicar y mucho menos en escuchar los consejos de su abuela.

En otros países -no se ha sabido de casos así en México- son grupos de ultraderecha, neonazis incluso, los que confrontan al orden establecido.

No puede haber tibieza ni ingenuidad. La paz social se ha ido deteriorando de manera gradual desde hace décadas. La llegada de nuevo gobierno, de la alternancia en el poder, nada cambia desde la perspectiva de los radicales. No hay que descartar, sí, la “mano negra” del crimen organizado.

Hay conocedores del tema que hablan del resurgimiento de células guerrilleras en diversas partes del país. No iniciaron su actividad en este sexenio, pero tampoco se detendrán solo porque se les invite a misa. Obviamente, para detenerlos tampoco será suficiente un tuit, un video en youtube, un exhorto presidencial, una avalancha de comentarios en Facebook.

Permanecen a la expectativa y actúan cuando ven una buena oportunidad. Desde hace muchísimo tiempo hasta se dan el lujo de contar con centros públicos de adoctrinamiento, como lo es la Escuela Normal de Ayotzinapa, y detentan cotos geográficos, como pasa en el caso de los zapatistas en sus dominios en Chiapas.

Actúan con impunidad. Están convencidos de que son intocables. Creen que el gobierno les tiene miedo. Las más altas autoridades tienen que tomar una decisión al respecto.

En cuanto a la conmemoración de la matanza de Tlatelolco, debe recordarse que hasta finales el siglo pasado se daban de manera pacífica, bajo el grito de ¡nunca más!

Twitter: @JOchoaVidal

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